Energía nuclear en Japón
En Japón la década de los años setentas significó el periodo más trascendente en la transición energética del país. En esa década, el gobierno japonés se propuso un rápido ingreso a la producción de energías alternativas y ‘limpias’ como un serio intento por disminuir la dependencia energética del petróleo proveniente del Medio Oriente. Reflejo de esa intención fue el famoso proyecto «Sunshine» que recogía toda una gama de propuestas de desarrollo tecnológico para disminuir la dependencia petrolera vía el ahorro y el uso eficiente de la energía y para incrementar la producción de energías alternas entre las cuales figuraba de manera destacada la energía nuclear.
En ese entonces, diez reactores nucleares comenzaron a ser operados pero la producción nacional no se vio incrementada debido a que el precio del barril de petróleo desanimaba la producción de la energía nuclear y además porque los movimientos antinucleares, con los accidentes de Three Mile Island en los Estados Unidos en 1979 y de Chernobyl en 1986 como bandera, se habían hecho más intensos.
Hasta 1997 Japón llegó a contar con 17 plantas productoras de energía nuclear y con 51 reactores de distinta índole. En total la generación de energía eléctrica secundaria derivada de la producción de energía nuclear ascendía a 283 mil millones de kilowatt-hora y representaba un 33% del total de la electricidad generada en el país que es aproximadamente de 877 mil millones kilowatt-hora.
En septiembre de ese mismo año, sin embargo, el gobierno japonés decidió aumentar la producción de plantas de energía nuclear para generar adicionalmente cerca de 478 mil kilowatt-hora para el año 2010, es decir un 42% del total de la demanda lo que, a su vez, significaba construir 30 reactores más con una capacidad de generación de un millón de kilowatts por unidad.
En ese transcurso, el reactor «Joyo» representó la primera fase en el desarrollo de la energía nuclear para funcionar basándose en la quema de uranio (1977) en tanto que el reactor de la segunda fase «Monju», con base a plutonio, se completó en 19945 . Conviene mencionar que el reactor «Monju» (inspirado en el Dios de la Sabiduría de la religión budista), fue el orgullo, y la mejor oferta del gobierno japonés en los mediados de los años setentas para dar solidez a su política de promoción de la energía nuclear.
Otro atributo fuertemente promovido, aparte de su alto costo en yenes (aproximadamente 600 mil millones de yenes cotizados a 130 yenes por dólar americano), fue que, siendo producido internamente, el reactor se había llegado a convertir en el símbolo mayor de la política japonesa de reactores nucleares.
En esos trechos de su historia energética, Japón estuvo firmemente determinado en proceder con el desarrollo de los reactores de rápida reproducción para la generación de energía eléctrica. No obstante, en diciembre de 1995 los escurrimientos de sodio presentados en el reactor Monju, llevaron a las autoridades energéticas japonesas a tomar la decisión de cesar las operaciones para proceder a investigar las causas del accidente. En septiembre de 1997 la agencia de ciencia y tecnología japonesa ordenó una moratoria de un año en su operación pero se extendió indefinidamente por razones aun no explicitadas6 .
Existen algunos otros problemas que Japón comparte con los países europeos, el principal, tal vez, es la disposición de los desechos radiactivos. Suecia es una de los países más avanzados en términos de disposición de desechos radiactivos pero, al igual que Suiza y Alemania, se ha enfrentado con la dificultad de localizar los lugares en donde no haya rechazo ciudadano. Por lo general ese rechazo se ha manifestado en todos esos países mediante el referéndum y los resultados han sido contrarios al desarrollo de instalaciones que almacenan los desechos radiactivos. Japón también ha experimentado ese rechazo y se ha recrudecido con mayor intensidad después del accidente de Tokaimura.
El Accidente de Tokaimura
Cuando un país experimenta un accidente nuclear es prácticamente inevitable que se dé un cambio sustancial en la política nuclear debido al impacto tenido en la región y en prevención de que los accidentes puedan extenderse hacia otros lugares. Los ejemplos más destacados de esas experiencias a nivel mundial han sido, hasta ahora, el desastre en la planta nuclear de Three Mile Island de 1979 que forzó a los Estados Unidos a detener el uso de reactores en nuevas plantas nucleares y el desastre de 1986 en Chernobyl que sirvió para la Unión Soviética y los países de la Europa Occidental confiaran menos en la energía nuclear.
De esa forma no debería de sorprender que el accidente nuclear de septiembre 30 de 1999 en la ciudad de Tokaimura fuera el punto de partida para una transformación en la política de energía nuclear del gobierno japonés7 .
Sin embargo, a diferencia de las acciones tomadas por otros gobiernos, el japonés hizo muy poco para cambiar su política nuclear a partir de los accidentes mencionados. Eso se debió fundamentalmente a que las compañías generadoras de energía eléctrica japonesas, en asociación con el gobierno japonés, estuvieron en la capacidad para convencer a la opinión pública de que las plantas generadoras de energía nuclear eran todavía seguras y que los riesgos eran casi nulos comparados con otras instalaciones en el exterior. El público aceptó que nada grave pasaría en el país porque no había razón para dudar de los niveles tecnológicos y de la seguridad de los mismos.
El 30 de septiembre de 1999, en Tokaimura ocurrió un derrame accidental de uranio en las instalaciones de procesamiento de combustible nuclear. Se sabe, a ese respecto, que, con el fin de lograr mayor eficiencia, la compañía generadora de energía eléctrica ignoró el manual de procedimientos y lo reemplazó con un manual que omitió varios pasos importantes.
El resultado fue un derrame de uranio, superior en siete veces a lo permitido por las reglamentaciones internacionales, el desencadenamiento de una reacción nuclear y la exposición directa a la radiación de más de 70 personas. La reacción en cadena continuó por cerca de 20 horas y muchos residentes en la ciudad tuvieron que ser evacuados.
Sin embargo, lo peor del accidente consistió en que el gobierno sabía muy poco de los peligros que representaban ese tipo de plantas procesadoras. Y no sólo eso, el derrame radioactivo en la planta fue causado por una dificultad mayor ocurrida fuera del reactor, es decir la forma más seria que se puede presentar en un accidente. Eso quiere decir que el accidente nuclear comenzó por un error que nadie pudo predecir en una planta privada procesadora de energía nuclear y que no existía ningún sistema que pudiera impedir la reacción en cadena por control remoto una vez que ésta comenzó.
Las instalaciones del accidente en Tokaimura nunca estuvieron sujetas a inspecciones de sitio por parte del gobierno y, por lo tanto, no se hizo nada en torno a los procedimientos mínimos a seguir por una empresa privada. Por consecuencia el accidente no solamente impactó a la nación a causa de la exposición directa a la radiación y al daño que causó, que sino que también hizo surgir serias dudas acerca de la confiabilidad y control de la política nuclear llevada a cabo por el gobierno.
En ese sentido, vale señalar nuevamente que cuando la energía nuclear se usó por primera vez en Japón la gente se preocupaba mucho por la radiación debido a que esa había sido la única experiencia de Japón. De igual forma, en las compañías y en las plantas nucleares se ponía un mayor énfasis en la seguridad acerca de la radiación más que en cualquier otro aspecto de la seguridad. Sin embargo con el paso del tiempo y al relativo y exitoso avance de la energía nuclear para usos pacíficos, la gente tendió a olvidar la experiencia del país respecto a la radiación y a los temores derivados de ésta. Al mismo tiempo, se redujeron las exigencias en cuanto a la seguridad y hubo un mayor relajamiento en cuanto a la vigilancia y monitoreo de la radiación.
En Japón la década de los años setentas significó el periodo más trascendente en la transición energética del país. En esa década, el gobierno japonés se propuso un rápido ingreso a la producción de energías alternativas y ‘limpias’ como un serio intento por disminuir la dependencia energética del petróleo proveniente del Medio Oriente. Reflejo de esa intención fue el famoso proyecto «Sunshine» que recogía toda una gama de propuestas de desarrollo tecnológico para disminuir la dependencia petrolera vía el ahorro y el uso eficiente de la energía y para incrementar la producción de energías alternas entre las cuales figuraba de manera destacada la energía nuclear.
En ese entonces, diez reactores nucleares comenzaron a ser operados pero la producción nacional no se vio incrementada debido a que el precio del barril de petróleo desanimaba la producción de la energía nuclear y además porque los movimientos antinucleares, con los accidentes de Three Mile Island en los Estados Unidos en 1979 y de Chernobyl en 1986 como bandera, se habían hecho más intensos.
Hasta 1997 Japón llegó a contar con 17 plantas productoras de energía nuclear y con 51 reactores de distinta índole. En total la generación de energía eléctrica secundaria derivada de la producción de energía nuclear ascendía a 283 mil millones de kilowatt-hora y representaba un 33% del total de la electricidad generada en el país que es aproximadamente de 877 mil millones kilowatt-hora.
En septiembre de ese mismo año, sin embargo, el gobierno japonés decidió aumentar la producción de plantas de energía nuclear para generar adicionalmente cerca de 478 mil kilowatt-hora para el año 2010, es decir un 42% del total de la demanda lo que, a su vez, significaba construir 30 reactores más con una capacidad de generación de un millón de kilowatts por unidad.
En ese transcurso, el reactor «Joyo» representó la primera fase en el desarrollo de la energía nuclear para funcionar basándose en la quema de uranio (1977) en tanto que el reactor de la segunda fase «Monju», con base a plutonio, se completó en 19945 . Conviene mencionar que el reactor «Monju» (inspirado en el Dios de la Sabiduría de la religión budista), fue el orgullo, y la mejor oferta del gobierno japonés en los mediados de los años setentas para dar solidez a su política de promoción de la energía nuclear.
Otro atributo fuertemente promovido, aparte de su alto costo en yenes (aproximadamente 600 mil millones de yenes cotizados a 130 yenes por dólar americano), fue que, siendo producido internamente, el reactor se había llegado a convertir en el símbolo mayor de la política japonesa de reactores nucleares.
En esos trechos de su historia energética, Japón estuvo firmemente determinado en proceder con el desarrollo de los reactores de rápida reproducción para la generación de energía eléctrica. No obstante, en diciembre de 1995 los escurrimientos de sodio presentados en el reactor Monju, llevaron a las autoridades energéticas japonesas a tomar la decisión de cesar las operaciones para proceder a investigar las causas del accidente. En septiembre de 1997 la agencia de ciencia y tecnología japonesa ordenó una moratoria de un año en su operación pero se extendió indefinidamente por razones aun no explicitadas6 .
Existen algunos otros problemas que Japón comparte con los países europeos, el principal, tal vez, es la disposición de los desechos radiactivos. Suecia es una de los países más avanzados en términos de disposición de desechos radiactivos pero, al igual que Suiza y Alemania, se ha enfrentado con la dificultad de localizar los lugares en donde no haya rechazo ciudadano. Por lo general ese rechazo se ha manifestado en todos esos países mediante el referéndum y los resultados han sido contrarios al desarrollo de instalaciones que almacenan los desechos radiactivos. Japón también ha experimentado ese rechazo y se ha recrudecido con mayor intensidad después del accidente de Tokaimura.
El Accidente de Tokaimura
Cuando un país experimenta un accidente nuclear es prácticamente inevitable que se dé un cambio sustancial en la política nuclear debido al impacto tenido en la región y en prevención de que los accidentes puedan extenderse hacia otros lugares. Los ejemplos más destacados de esas experiencias a nivel mundial han sido, hasta ahora, el desastre en la planta nuclear de Three Mile Island de 1979 que forzó a los Estados Unidos a detener el uso de reactores en nuevas plantas nucleares y el desastre de 1986 en Chernobyl que sirvió para la Unión Soviética y los países de la Europa Occidental confiaran menos en la energía nuclear.
De esa forma no debería de sorprender que el accidente nuclear de septiembre 30 de 1999 en la ciudad de Tokaimura fuera el punto de partida para una transformación en la política de energía nuclear del gobierno japonés7 .
Sin embargo, a diferencia de las acciones tomadas por otros gobiernos, el japonés hizo muy poco para cambiar su política nuclear a partir de los accidentes mencionados. Eso se debió fundamentalmente a que las compañías generadoras de energía eléctrica japonesas, en asociación con el gobierno japonés, estuvieron en la capacidad para convencer a la opinión pública de que las plantas generadoras de energía nuclear eran todavía seguras y que los riesgos eran casi nulos comparados con otras instalaciones en el exterior. El público aceptó que nada grave pasaría en el país porque no había razón para dudar de los niveles tecnológicos y de la seguridad de los mismos.
El 30 de septiembre de 1999, en Tokaimura ocurrió un derrame accidental de uranio en las instalaciones de procesamiento de combustible nuclear. Se sabe, a ese respecto, que, con el fin de lograr mayor eficiencia, la compañía generadora de energía eléctrica ignoró el manual de procedimientos y lo reemplazó con un manual que omitió varios pasos importantes.
El resultado fue un derrame de uranio, superior en siete veces a lo permitido por las reglamentaciones internacionales, el desencadenamiento de una reacción nuclear y la exposición directa a la radiación de más de 70 personas. La reacción en cadena continuó por cerca de 20 horas y muchos residentes en la ciudad tuvieron que ser evacuados.
Sin embargo, lo peor del accidente consistió en que el gobierno sabía muy poco de los peligros que representaban ese tipo de plantas procesadoras. Y no sólo eso, el derrame radioactivo en la planta fue causado por una dificultad mayor ocurrida fuera del reactor, es decir la forma más seria que se puede presentar en un accidente. Eso quiere decir que el accidente nuclear comenzó por un error que nadie pudo predecir en una planta privada procesadora de energía nuclear y que no existía ningún sistema que pudiera impedir la reacción en cadena por control remoto una vez que ésta comenzó.
Las instalaciones del accidente en Tokaimura nunca estuvieron sujetas a inspecciones de sitio por parte del gobierno y, por lo tanto, no se hizo nada en torno a los procedimientos mínimos a seguir por una empresa privada. Por consecuencia el accidente no solamente impactó a la nación a causa de la exposición directa a la radiación y al daño que causó, que sino que también hizo surgir serias dudas acerca de la confiabilidad y control de la política nuclear llevada a cabo por el gobierno.
En ese sentido, vale señalar nuevamente que cuando la energía nuclear se usó por primera vez en Japón la gente se preocupaba mucho por la radiación debido a que esa había sido la única experiencia de Japón. De igual forma, en las compañías y en las plantas nucleares se ponía un mayor énfasis en la seguridad acerca de la radiación más que en cualquier otro aspecto de la seguridad. Sin embargo con el paso del tiempo y al relativo y exitoso avance de la energía nuclear para usos pacíficos, la gente tendió a olvidar la experiencia del país respecto a la radiación y a los temores derivados de ésta. Al mismo tiempo, se redujeron las exigencias en cuanto a la seguridad y hubo un mayor relajamiento en cuanto a la vigilancia y monitoreo de la radiación.
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